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FORUM
DE DOR DAS ILHAS DO ATLÂNTICO
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OPIOIDES Y ATENCION PRIMARIA. ASPECTOS PRACTICOS.
Caramés MA, Clavo
B, Rodríguez-Salido MJ, García-Cortés J,
Saavedra T.
Unidad de
tratamiento del dolor crónico del Hospital Universitario de Gran Canaria Dr.
Negrín
Ponencia presentada en el “V Foro Atlántico
del dolor”, celebrado durante el mes de Julio de 2.004 en Las Palmas de Gran
Canaria
RESUMEN:
En
el presente trabajo repasamos el consumo de opioides con fines médicos en
Europa, fijándonos especialmente en los datos existentes sobre Portugal y España.
Valoramos las prescripciones realizadas en la atención primaria, tratando de
estudiar las causas de la probable baja prescripción en este nivel asistencial.
Proponemos unas medidas elementales para corregir esta situación.
Trataremos
de responder, a continuación, a tres preguntas básicas sobre la utilización de
opioides en atención primaria: a qué opioides podemos recurrir, en qué
pacientes y que recomendaciones de uso se deben seguir.
INTRODUCCION:
Habiendo
sido el opio un eficaz y ampliamente utilizado remedio contra el dolor en las
antiguas civilizaciones mesopotámica, egipcia, griega y romana, su uso y el de
sus derivados cayó espectacularmente hasta finales del siglo pasado. El
desarrollo de las unidades de cuidados paliativos a partir de los años ochenta
propició el rápido incremento en el consumo de
opioides en los pacientes oncológicos terminales. Sin embargo no
asistiremos a la generalización del uso de opioides en los pacientes afectos de
dolor crónico no oncológico hasta los años noventa del pasado siglo, tras la
publicación de evidencias que desmontan la creencia y el miedo a una rápida
tolerancia y frecuente dependencia del fármaco. Tradicionales temores que
secularmente condicionaron y limitaron el uso de este excelente remedio (1 y 2).
La creación de las unidades de tratamiento del dolor con funciones no sólo
limitadas al tratamiento del paciente terminal, también probablemente ha
contribuido notablemente al incremento del consumo de opioides en el paciente
no canceroso.
UTILIZACION
DE OPIOIDES EN ATENCIÓN PRIMARIA:
El
consumo de opioides en Portugal y España, con respecto al resto de los países
europeos, se sitúa en un nivel intermedio (International narcotics control
board – 1997), aunque muy por detrás de países como Dinamarca, Suecia, Reino
unido o Francia (Figura 1).

Los
siguientes datos ilustran realidades de consumo en los países más
prescriptores: En Dinamarca, encuestada el 10% del total de la población se
llegó a la conclusión de que el 0,2% de ésta había consumido opioides mayores
en el último mes (Sorenson – 1.992). En Estados Unidos de América del Norte el
19% de los pacientes que acuden a clínicas del dolor consumen opioides mayores.
Aunque
la evolución en los últimos años ha sido muy favorable en Portugal y España, el
camino que nos queda por recorrer hasta colocarnos en una posición óptima es
amplio. En España entre 1.985 y 1.998 se multiplicó por 10 el consumo de
opioides (Figura 2) . En Portugal la tendencia es similar, con un creciente consumo
desde 1.992 (3,4,5).

El síntoma dolor puede aparecer hasta en dos tercios de las consultas de atención primaria. A pesar de esta alta prevalencia y, aunque existen muy pocos estudios al respecto, hay datos aislados que indican un bajo consumo de opioides en este nivel de la atención sanitaria (6),
Como causa de este aparente bajo consumo podemos intuir como determinante los conocimientos escasos sobre el tratamiento del dolor. Ello está propiciado por la inexistencia de bloques temáticos específicos en la licenciatura de medicina y una pobre formación continuada en el posgrado (7,8). En españa se ha constatado una mejor formación entre los médicos generales especializados en medicina de familia y comunitaria (8).
Relacionado con el déficit de conocimientos están los “miedos” que tradicionalmente envuelven el uso de la morfina y sus derivados . Merece la pena el mencionar un estudio Sueco, publicado en “Pain” en 1999 (9) en el cual se determina el miedo al abuso y la adicción en relación con una indicación incorrecta ,como principal problema que explica el bajo uso de opioides en Atención primaria:. Reticencias al uso, especialmente importantes en el campo del dolor crónico no oncológico, pueden entenderse como “secuelas” de estudios publicados en 1925 y 1954 (13,14) donde se afirmaba la existencia de un número de adictos entre el 9 y 27% tras el uso de opioides para el tratamiento del dolor. Trabajos más recientes dimensionan adecuadamente el problema, cifrando el número de adicciones en el 4/12.000 cuando el uso de estos fármacos es el adecuado (10). El miedo a otros viejos mitos relacionados con el uso de la morfina, las trabas burocráticas para la dispensación y la falta de tiempo, tantas veces denunciada en el ámbito de las consultas de atención primaria, serán otros factores que incidirán negativamente en el número prescripciones.
El optimizar la prescripción de opioides precisará por tanto mejorar la formación en el campo del tratamiento del dolor, tanto en los estudios pregrado como en el posgrado. La incorporación de bloques temáticos específicos sobre el tratamiento del dolor en los estudios de la licenciatura en medicina se hace necesaria. Sobre las posibilidades de docencia y su efectividad en el posgrado hay pocos estudios a los que nos podamos referir. Hay evidencias de que cursos específicos sobre dolor y rotaciones cortas (dos semanas) en centros especializados mejoran los conocimientos sobre el tratamiento del dolor (8,12). Sin embargo un estudio danés demuestra que cortos periodos de aprendizaje supervisado no son suficientes para el óptimo uso de los opioides en el dolor severo (11). Estaríamos por tanto justificando la necesidad de unidades específicas.
Trataremos
de responder a continuación a tres preguntas básicas sobre la utilización de
opioides en atención primaria: a qué opioides podemos recurrir, en qué
pacientes y que recomendaciones básicas de uso se deben seguir.
QUE
OPIOIDES UTILIZAR:
En
el grupo de los opioides menores, aquellos con potencia relativa menor que la
morfina, se puede recurrir a la codeina, la dihidroceodeina y el tramadol.
La
codeina es un derivado natural de
opio que ha sido ampliamente utilizado, aunque hoy en día ha sido desplazado
por el tramadol como principal opioide menor. Su corta vida media, el
estreñimiento y la sedación que
frecuentemente produce, han limitado su prescripción. Los preparados
comerciales conteniendo 15 ó 30 mg. de codeina y 500 mg. de paracetamol se han
mostrado efectivos y cómodos. La dihidrocodeina, análogo sintético de la
codeina, aporta presentaciones con vida media que permiten su administración
cada 12 horas.
El
tramadol es el opioide más consumido
en España (4). Siendo un agonista mu débil, también se le considera inhibidor
de la recaptación de serotonina y noradrenalina, así como agnista
noradrenérgico, y por tanto teóricamente útil en el tratamiento del dolor
neuropático. Son factores que justifican claramente su éxito en el tratamiento
del dolor: Su buena tolerancia, si exceptuamos la tendencia importante al
desencadenamiento de náuseas, que se puede mitigar con un incremento lento de
dosis, su efectividad, favorable perfil de seguridad y presentaciones
comerciales con múltiples posibilidades. La presentación en solución oral
permite un cómodo ajuste de dosis inicial, las fórmulas de liberación retardada
aportan comodidad y la recientemente comercializada combinación con paracetamol
simplifica el tratamiento en pacientes frecuentemente polimedicados. En España,
según estudios avalados por la Sociedad Española del dolor, es el opioide más
utilizado como medicación de rescate de los preparados de opioides mayores de
liberación transdérmica.
La
morfina es el patrón en los opioides
mayores, por todos conocida y con presentaciones de liberación inmediata, una
de ellas apta para la administración por sonda naso-gástrica, y retardada.
La
Buprenorfina es una molécula que ha
generado amplias controversias por su condición de agonista parcial,
especialmente tras su comercialización en preparado para la absorción
transdérmica. La experiencia parece demostrar que, en el uso clínico habitual,
no supone problema el supuesto techo terapéutico o el posible desplazamiento de
los receptores de agonistas mu puros. Frecuentemente se cambia la buprenorfina
por el agonista puro sin tiempo de “lavado” o se prescribe como medicación de
rescate de la buprenorfina transdérmica
morfina o tramadol. Las características físicas de la presentación
trandérmica mejoran las del preparado de fentanilo, por su mejor adherencia y
posibilidad de ajuste de dosis fraccionando el “parche”, aunque se han
incrementado las reacciones alérgicas locales. Los comprimidos de
administración sublingual son poco utilizados. Es el opioide de elección en los
pacientes nefrópatas por su mayor eliminación
por heces.
El
Fentanilo ha sido la primera
molécula comercializada para la administración trandérmica, una experiencia de
6 años lo avalan. La eficacia y un favorable perfil de seguridad están fuera de
duda. La adherencia de la presentación
es deficitaria, pero parece que pronto se mejorará en una nueva formulación
matricial semejante a la existente para la buprenorfina.
La oxicodona es un análogo sintético de
la morfina, de reciente comercialización en España. Aporta una mayor
biodisponibilidad oral y probablemente menor incidencia de prurito y
alucinaciones. Se presenta como preparado de liberación retardada, apto para la
administración cada 12 horas. Permitirá la rotación de opioides vía oral sin
tener que recurrir a la metadona, fármaco éste que dada su tendencia a la
acumulación resulta no fácil de manejar.
EN
QUE PACIENTES:
Inicialmente
debemos seguir la escalera analgésica de la Organización Mundial de la Salud (OMS) (figara 3). Los opioides
menores los utilizaremos ante dolores no controlados con antiinflamatorios no
esteroideos (AINES) y si éstos no son suficientes recurriremos a los opioides
mayores. En ambos casos con o sin fármacos coadyuvantes.
Ante
aquellos pacientes que lleguen a nuestras consultas con importante dolor
secundario a una causa objetivable podremos “saltarnos” escalones previos,
situándonos directamente en el 2º o 3º escalón; hablamos entonces del “ascensor
terapéutico”, terminología recientemente acuñada y defendida por autores de
reconocido prestigio.

Podremos
encontrar una respuesta reducida al opioide en:
-
Dolores neuropáticos,
-
Dolores aferentes,
aquellos inducidos por maniobras,
-
Pacientes con alteraciones
cognitivas o elevada carga de ansiedad,
-
Pacientes en los que se
precise un incremento rápido de dosis en los primeros 4 días.
Consideraremos
contraindicaciones relativas:
-
Antecedente de abuso de
drogas,
-
Alteraciones graves de la
personalidad,
-
Ambiente doméstico del
paciente caótico,
-
Pacientes inmersos en
causas judiciales.
En estos caso valoraremos la relación
beneficio/riesgo para tomar una decisión sobre la prescripción del opioide.
RECOMENDACIONES
BASICAS:
Las
dosis de inicio de tratamiento con
opioides menores serán para la codeina de 15-30 mg. cada 6 horas, dependiendo
de la edad y patología concomitante del paciente. Podemos recurrir a los preparados comercializados que asocian
paracetamol (15/500 mg. o 30/500 mg.).
La capacidad emetógena del tramadol hace que se precise una escalada de dosis muy lenta en la mayoría de los pacientes. Con este fin resulta muy adecuada la presenteción en solución o gotas. El inicio con dosis de 25 mg/6-8horas (dos pulsaciones ó 10 gotas), con incrementos cada 2-3 días, puede ser una pauta válida. Posteriormente, tras la determinación de la dosis efectiva, recurriremos a preparados que permiten posologías más cómodas, las presentaciones de liberación retardada. Otra posibilidad de inicio podría ser la combinación recientemente comercializada de tramadol –37,5mg.- y paracetamol –325-mg; dosis que se puede doblar si tras unos días de tratamiento no se consigue la analgesia deseada.
Habiendo
agotado el segundo escalón analgésico, tras haber incrementado dosis hasta las
máximas recomendadas (240 mg. para la codeina o 400 mg. para el tramadol),
cambiaremos el opioide menor por uno mayor a dosis equipotentes (tabla 1) o con
potencia teórica incrementada en un 33%.
OPIOIDE
|
DOSIS EQUIPOTENTE |
|
Tramadol |
300-400
mg. (150-200 mg/12h.) |
|
Codeina |
240mg.
(60mg./6h.) |
|
Morfina |
30-40
mg (15-20mg./12h.) |
|
Fentanilo |
25
Mcg/h transdérmico. |
|
Buprenorfina |
35
Mcg/h trandérmica. |
Tabla
1: Dosis equipotentes de opioides.
Además
de la prescripción en el momento y a las dosis adecuadas, consideramos
recomendaciones básicas en el uso de opioides las siguientes (15):
-
Informar al paciente de la
posibilidad, aunque remota, de adicción, aparición de síndrome de abstinencia o
deterioro cognitivo.
-
Nombrar un médico
responsable del seguimiento del paciente. Ello facilitará la detección temprana
de comportamientos aberrantes o búsqueda compulsiva del fármaco, que nos hagan
pensar en un posible mal uso. La coordinación entre diferentes niveles
asistenciales se hará obligada.
-
Los fármacos antiálgicos
se administrarán de forma regular y a dosis fijas.
-
Si hemos recurrido a preparados de liberación retardada, prescribiremos análgésicos de
liberación inmediata de rescate.
-
Al inicio de la
administración de opioides recetaremos antieméticos y laxantes.
-
Valoraremos la posibilidad
de precisar una “rotación de opioides”, ante ineficacia analgésica a pesar del
incremento de dosis y aparición de efectos secundarios.
-
Estudiaremos los posibles
cambios en las características e intensidad del dolor residual, tratando de
determinar la progresión de la patología tratada o la aparición de un nuevo
cuadro con tratamiento específico.
-
Estableceremos un régimen
de visitas según la evolución del control del dolor o las posibilidades de
progresión de la enfermedad.
-
No nos olvidaremos de los
métodos analgésicos no farmacológicos y técnicas que mejoran la funcionalidad,
tratamiento psicológico, rehabilitación funcional, ayudas de los servicios
sociales, etc.
CONCLUSIONES:
Debemos preguntarnos: “¿porqué tras miles de años de
conocimiento de sus propiedades, el remedio más antiguo, eficaz y universal
contra el dolor es hoy en día infrautilizado?, ¿pueden nuestros injustificados
miedos estar privando a muchos pacientes del alivio necesario?.
Se
hace necesario el establecer bloques temáticos específicos sobre tratamiento
del dolor durante los estudios de licenciatura, así como facilitar la formación
de los médicos de atención primaria mediante cursos específicos o estancias en
unidades especializadas. El conocimiento es la clave para vencer los miedos y
ofrecer terapias antiálgicas efectivas y seguras.
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